viernes, 14 de junio de 2013

La industria y el crecimiento económico

Aunque varíe dentro de las principales corrientes del pensamiento económico, la importancia de la industria para el crecimiento es reconocida en la literatura. Mismo para autores neoclásicos, que asocian el resultado de la acumulación de factores y del progreso técnico, sus atributos de articulador y difusor de nuevas tecnologías son aceptados, pese a que no de forma exclusiva. Para autores keynesiano estructuralistas por su vez, la industria es considerada el segmento líder del crecimiento de largo plazo de las economías capitalistas.
 

El sector secundario tiene un efecto particularmente positivo sobre el conjunto de la economía una vez que permite dinamizar el sistema productivo vía los llamados encadenamientos productivos hacia adelante y hacia atrás, potencializando los efectos multiplicadores. Un ejemplo clásico es la industria automovilística. En la medida en que utiliza una diversificada gama de insumos y es utilizada como intermediaria en la producción de otros sectores, se crea un ambiente propicio para la instalación de actividades complementares con impacto positivo sobre el empleo y la renta. Este efecto de encadenamiento no es observado con la misma intensidad en los sectores primario y terciario.
Una segunda característica dice respecto a su relación con la innovación y la difusión de tecnología. De acuerdo con la Ley de Kaldor-Verdoorn, la productividad de la industria es una función creciente de la propia producción industrial. En los primeros niveles de producción, mientras todavía se está en proceso de aprendizaje, los niveles de productividad son menores pero crecientes a medida que se gana aprendizaje. Aumentos de productividad se traducen en aumentos de la renta real. La combinación entre el efecto de encadenamiento productivo y la productividad creciente genera un ambiente apropiado para la difusión tecnológica y la innovación. El resultado es un efecto cíclico en que el aumento del aprendizaje y la innovación se traducen en aumentos de productividad que por su vez, vía transbordamientos, alcanzan los demás sectores de la economía.
Por fin, el sector industrial tiene un papel preponderante en un contexto de restricción de divisas. En modelos de crecimiento con esta restricción, la tasa de crecimiento del producto tiene que respetar en el largo plazo el equilibrio intertemporal de la balanza de pagos. También conocida como la Ley de Thirlwall, ella supone que existe un equilibrio en el largo plazo entre el crecimiento del producto nacional, de la renta externa y la razón entre las elasticidades-renta de las exportaciones e importaciones. El crecimiento de la renta interna es restringido por la elasticidad renta de las importaciones en la medida en que existe un límite de oferta de divisas con que esa economía puede contar para satisfacer sus necesidades de importar. Economías primario exportadoras, como la peruana, poseen baja elasticidad-renta de las exportaciones y elevada elasticidad de las importaciones y por eso en el largo plazo tienden a crecen menos que el promedio mundial.
El protagonismo del sector industrial en el crecimiento de largo plazo no puede ser menospreciado. De hecho, aunque importantes reformas vienen siendo en los últimos años en dirección a un fortalecimiento de las instituciones, la promoción del comercio exterior y la tan necesaria inversión en infraestructura, de no fortalecerse la industria quedaremos limitados en el largo plazo. Este argumento sin embargo no debe ser usado como excusa para repetir errores de la industrialización por substitución de importaciones (experiencia de los años 70). Tenemos ejemplo en el sudeste asiático a seguir. Debemos focalizarnos en nuestras ventajas comparativas dinámicas - y no simplemente estáticas - industrializando por ejemplo la minería y el proprio sector agroexportador. Crecer vía exportaciones de valor agregado es la clave.

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